Madani es el mejor jugador de fútbol del equipo del barrio. Su dominio del balón es todo un espectáculo, y eso que juega sin botas, con los pies descalzos.

¿Qué podría llegar a hacer Madani si tuviera unas buenas botas de fútbol?

Lo cierto es que nuestro protagonista lleva un tiempo ahorrando, y todos esperan deseosos el día en que pueda comprarse un calzado en condiciones; y así, quizá, le salga por fin la chilena.

La mejor jugada de Madani habla de muchas cosas; habla de inmigración, de integración social, un poquito de fútbol, pero, sobre todo, Madani nos habla de otras realidades, otras culturas y otros valores que nada tienen que envidiar a los del primer mundo.

Y es que, para Madani, hay ciertas cosas que son más importantes que otras… ¿serán las botas?

La mejor jugada de Madani no es solo una historia de Fran Pintadera, también lo es de la ilustradora  Raquel Catalina, que  me ha hecho parte de ese barrio, del que nada me resulta ajeno, todo me es familiar, común y cercano. Me encanta la dulzura y expresividad de cada uno de los rostros de los niños, y el dinamismo de los partidos de fútbol; si hasta te apetece gritar ¡gol!

La grandeza a veces es invisible, no se puede medir, y se esconde en los pequeños gestos.

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