¿Qué ocurre si juntamos dos cosas fascinantes y monísimas al mismo tiempo?

Pues que tenemos un libro redondo y sorprendente. No os podéis hacer una idea de lo “requete-adorables” que seguramente serían los dinosaurios recién salidos del cascarón. Y es que de esto va el libro, de las crías de los dinosaurios y su enternecedor aspecto, pero también de su día a día, sus costumbres, su alimentación o su familia.

“Dinosaurios BEBÉS” nos muestra, a través de exquisitas ilustraciones, las crías de once especies de dinosaurios, algunas totalmente desconocidas para el gran público, aunque por supuesto no faltarán los archiconocidos Triceratops, T.rex y Stegosaurus. Sobre cada dinosaurio una imagen de su día a día y una sola frase que nos invita a conocer los últimos descubrimientos sobre estos grandiosos seres.

El libro apuesta por las representaciones realistas y totalmente fuera del estándar que solemos encontrar en otros libros sobre dinosaurios, lo que demuestra que autora y ilustrador se han documentado con los últimos hallazgos en este sentido: encontraremos mucho más color, más plumas y una naturalización de las figuras muy cercana a lo que podría ser la real.

Desde la aparente sencillez de un libro de cartón se han condensado un gran número de conocimientos actuales sobre los Dinosaurios; si a esto le sumamos la conexión emocional que se establece entre el lector y las crías, tenemos una pequeña gran obra, tanto para el disfrute como para el aprendizaje.

Como la curiosidad de algunos peques va más allá de una sola frase, o quizá tengan algún/a herman@ mayor de es@s que son muy fans de los “dinos”, nos hemos puesto en contacto con nuestra paleontóloga de cabecera (Esther Bueno), y le hemos pedido que nos facilite más información sobre las imágenes y los conocimientos que aporta el libro. Así que aquí va un “bonus” extra:

Rapetosaurus: Aparece en la portada del libro y fue un saurópodo titanosaurido del período Cretácico. En el libro se afirma (en la contraportada) que no necesitaba la ayuda de ningún adulto. Pero ¿cómo podemos saberlo?; pues porque un análisis de los huesos fósiles de uno de estos pequeñines demostró que eran como adultos en miniatura. En la actualidad, los animales con esta característica -precociales-, cuando salen del huevo son autosuficientes, no necesitando el cuidado de sus padres.

Triceratops: Durante mucho tiempo se pensó que eran individuos solitarios, pues siempre se habían hallado ejemplares sin compañía alguna. A principios de esta década se encontraron fósiles de un grupo formado por dos adultos y dos juveniles; esto parece indicar que vivían en grupos familiares, como se explica en el libro.

Archaeopteryx: Aunque se trata de una de las primeras aves, no hay problema en incluirlo en este libro, puesto que la hipótesis más aceptada actualmente es que un ave es un dinosaurio que es capaz de volar. Recientemente, se han encontrado evidencias de que su plumaje era parte oscuro y parte claro, como muestra la ilustración del libro, y esto es posible saberlo gracias a que en algunas plumas fósiles ¡¡se conservan los melanosomas!!, unos orgánulos que almacenan los pigmentos que dan color a las plumas; a las actuales y las de los dinosaurios.

Quetzalcoatlus: Fue un pterosaurio gigante, de hasta 12 metros de punta a punta de sus alas. Estrictamente no se le puede llamar dinosaurio sino pterosaurio, porque no son parientes cercanos, aunque tienen un antepasado común. Los últimos hallazgos sobre este grupo de gigantes alados apuntan a que sus huevos eran blandos, como los de los reptiles actuales, por lo que deberían enterrarlos para que mantuvieran la humedad y la temperatura, y al mismo tiempo conseguirían esconderlos de los “comehuevos”, que abundaban en aquellos tiempos.

 Sinosauropteryx: Fue un pequeño terópodo -dinosaurios carnívoros y con pies de tres dedos- del tamaño de una paloma, pero con una larga cola. Los fósiles que se han encontrado en China están tan bien conservados que se puede apreciar que tenían plumas, por lo que forma parte del grupo de los dinosaurios emplumados del Cretácico. Quizá te haya llamado la atención su cola que recuerda a los encantadores lémures. ¿Es una licencia del ilustrador?; ¿cómo pueden saber que la cola tenía franjas o la cara un antifaz? Pues porque la excelente conservación de sus fósiles y el uso de las últimas técnicas microscópicas han permitido encontrar melanosomas (orgánulos que almacenan los pigmentos). En la ilustración del libro lo podéis ver a la caza de una libélula, y es posible que un bebé Sinosaurpoteryx las comiera, pero de lo que estamos seguros es que en la edad adulta comían lagartijas, porque se ha encontrado un ejemplar fósil con una pequeña lagartija en su estómago.

Dilophosaurus: Otro terópodo, pero mucho más grande, hasta 7 metros de longitud. De hecho, se le considera uno de los primeros grandes carnívoros. Su nombre, “lagarto de dos crestas”, hace referencia a las estructuras sobre la cabeza que en la ilustración su pueden apreciar incipientes, y que probablemente sólo usaba para atraer a las hembras en el periodo reproductivo. La posición de sus dientes, similar al espinosaurio, podrían indicar que, al igual que este, estaba especializado en comer pescado. Para esta especie no se han encontrado fósiles con protoplumas y melanosomas, por lo que, aunque seguramente las tendrían, la caracterización de la ilustración es ficticia.

Stegosaurus: Este emblemático dinosaurio, conocido por sus grandes placas dorsales y sus cuatro grandes espinas de la cola, a pesar de su gran tamaño, tenía las mandíbulas pequeñas y débiles (incluso nosotros seríamos capaces de morder con más fuerza) y no tenían movimiento lateral; solo podían abrir y cerrar. Así que probablemente sólo podían alimentarse de las partes más blandas de las plantas, que arrancaban con su pico corneo y molían con sus pequeños y redondeados dientes.

Maiasaura: Aunque no se han encontrado plantas fósiles asociadas a los cascarones fosilizados, otros muchos indicios apuntan a que Maiasaura utilizaba restos vegetales acumulados para mantener la temperatura de sus huevos, que disponían en unos grandes nidos con forma cráter (2 metros de diámetro) excavados en el suelo. Por otro lado, la comprobación de que las crías de Maiasaura encontradas fosilizadas en sus nidos junto con restos de alimento (hojas, frutas y semillas), no estuvieran suficientemente desarrolladas para poder caminar y, al mismo tiempo, presentaran dientes desgastados, demuestra que los adultos los alimentaban en el nido, es decir, que cuidaban de ellos una vez habían roto el cascarón. De ahí que se bautizara a esta especie de dinosaurio de pico de pato con un nombre que significa “lagarto buena madre”.

Coelphysis: De nuevo un pequeño terópodo, pero más antiguo, del Triásico. Probablemente al nacer, y debido a su pequeño tamaño, se escondía entre las cicas y los helechos, que eran dos tipos de plantas muy comunes en la época. Pero además, este ambiente sería un buen territorio de caza para este carnívoro descrito como un “cazador de pequeñas presas y de rápidos movimientos”.

Beibeilong: Su nombre en mandarín significa bebé dragón. Vivió a finales del Cretácico y es un oviraptor gigante (hasta 8 metros de longitud). Sus huevos, los más grandes de dinosaurio encontrados (hasta 60 cm), eran depositados en un gran nido de unos 3 metros de diámetro, siguiendo un patrón característico de otros pequeños oviraptores, los cuales se ha podido evidenciar que empollaban sus huevos. Por este motivo se piensa que los Beibeilong también incubaban a su descendencia, algo que no parecería sorprendente si no fuera porque ¡los adultos debían pesar unas 3 toneladas! (Ojo, que en el libro a Beibeilong le falta la segunda i).

Tyrannosaurus: Este dinosaurio no requiere presentación alguna. El libro nos lo muestra muy emplumado, casi casi parece un pollito con una cola muy larga. Aunque no se han encontrado plumas en ninguno de sus fósiles, los últimos hallazgos e hipótesis apuntan en este sentido. Los adultos sólo mantendrían protoplumas en la cola y en el dorso, aunque se han encontrado fósiles de una nueva especie de la familia de los tiranosaurios cuyos adultos están completamente emplumados. Sus bracitos, al nacer, no eran proporcionalmente tan diminutos como lo son cuando se hacen adultos; sus huesos eran fuertes y al parecer estaban bien musculados, así que podría resultar bastante útiles para agarrar pequeñas presas.

Como veis, uno de los principales novedades que presenta es la presencia de plumas en muchos de ellos, aunque es algo de sobra conocido desde hace bastantes años en el entorno científico, todavía su trascendencia en el mundo de la ilustración para niños era escasa.  Esperamos que esta pequeña guía os ayude a disfrutar de Dinosaurios BEBES con vuestr@s peques.

 


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