Imposible no reseñar este libro siendo una librería que se autodenomina “slow”. Y es que se alinea completamente con nuestra filosofía (si todavía no la conocéis os la enlazo aquí). Aunque debo reconocer que, muchas veces, acabamos pareciéndonos más al conejo de Alicia que a la madre de Kirikú (si no habéis visto “Kirikú, ¡¡¡corred a verla y lo entenderéis todo!!!)

Lo cierto es que mientras las personas corremos de manera desenfrenada hacia metas muchas veces inalcanzables, en la naturaleza, a su ritmo, pasan cosas maravillosas, ¡y nos las estamos perdiendo!.

No es necesario vivir en un entorno rural para observar con tranquilidad muchas de las historias que nos sugiere el libro. El rocío que se forma sobre una hoja, los cambios de la luna o cómo una abeja poliniza una flor, son cosas que ocurren todos los días en nuestros parques y jardines.

Si, como yo, tenéis la suerte de vivir en un entorno rural, tras la lectura de este libro tendréis la irremediable necesidad de salir y respirar, de pasear tranquilamente y observar.

Cada una de las historias trasmite calma, observación y también la sensación de que todo es cíclico, de que asistimos a solo una pequeña parte de la inmensidad de los hechos y relaciones que se dan en la naturaleza.

La estructura es ideal para compartir en familia, e incluso el uso de mayúsculas y minúsculas invita a que nuestros pequeños lectores se atrevan, si les apetece, a leer un poquito ellos solos.

No siento que tenga una edad recomendada; de 0 a 100 estaría bien.

La editorial anunció su salida tras el confinamiento, y, para que nos tomáramos las cosas con calma, nos proponía hacer un museo de insectos caseros de papel. Quizá no le encuentres relación, pero pienso que cualquier trabajo manual también incita a la calma, siempre que no tenga una fecha de entrega, claro. Así que os dejo por aquí el descargable de la actividad y la imagen de cómo podría verse el resultado.

Si  te has enamorado de este libro, puedes comprarlo en nuestra librería pinchando AQUÍ.